La primera dama de Venezuela, Cilia Flores, fue capturada por las fuerzas especiales de los Estados Unidos en el mismo operativo que logró la detención de Nicolás Maduro en Caracas. Conocida como la “primera combatiente”, Flores ha sido una figura central en la estructura de mando del chavismo, ejerciendo una influencia determinante en las decisiones políticas y judiciales del país durante más de una década. Su detención representa un golpe definitivo al núcleo familiar y político que gobernó Venezuela, pues las autoridades estadounidenses la señalan como una pieza clave en la red de corrupción y narcotráfico que operaba bajo el amparo del Palacio de Miraflores, utilizando su posición para garantizar la impunidad de su entorno cercano.

La justicia de los Estados Unidos ha formalizado cargos contra Flores, vinculándola con la misma estructura narcoterrorista por la que es procesado su cónyuge en la Corte del Distrito Sur de Nueva York. A lo largo de los años, su nombre ha estado asociado a diversos escándalos internacionales, incluyendo el caso de sus sobrinos condenados por tráfico de drogas en territorio norteamericano. Con su captura, la administración estadounidense busca desmantelar por completo la cúpula del poder venezolano y asegurar que no existan figuras de sucesión que puedan mantener el régimen. Flores será trasladada junto a Maduro para comparecer ante los tribunales federales, donde se determinará su grado de responsabilidad en los delitos de conspiración y lavado de dinero que se le imputan formalmente.








