La administración de Donald Trump ha manifestado su intención firme de tomar el control de las vastas reservas de petróleo de Venezuela como parte central de su estrategia tras la captura de Nicolás Maduro. Según el análisis de la BBC, esta medida busca asegurar que los ingresos generados por los hidrocarburos no terminen en manos de estructuras vinculadas al antiguo régimen, sino que se utilicen para costear la operación militar y financiar la reconstrucción económica del país sudamericano. El plan estadounidense plantea un escenario sin precedentes donde Washington supervisaría directamente la producción y comercialización del crudo venezolano, argumentando que la gestión del sector energético es vital para la estabilidad regional y para recuperar la deuda acumulada por años de mala administración. Esta postura ha generado un intenso debate sobre la soberanía nacional y el futuro de PDVSA bajo una administración extranjera temporal que busca estabilizar el mercado.

La historia del petróleo en Venezuela está intrínsecamente ligada a las empresas estadounidenses, que desde la década de 1920 fueron las encargadas de descubrir y explotar los yacimientos más grandes del mundo en el Lago de Maracaibo. El artículo de la BBC recuerda que la infraestructura de las refinerías en el golfo de México fue diseñada específicamente para procesar el crudo pesado venezolano, creando una codependencia que duró casi un siglo hasta la llegada del chavismo. Trump sostiene que las nacionalizaciones llevadas a cabo por Hugo Chávez y continuadas por Maduro fueron, en realidad, un “robo” de activos y tecnología que originalmente pertenecían a Estados Unidos. Por ello, la actual incursión militar no solo se justifica en la lucha contra el narcoterrorismo, sino también en el reclamo de esos derechos de propiedad históricos que, según la Casa Blanca, fueron arrebatados ilegalmente para financiar actividades criminales y desestabilizar la región.

En este nuevo contexto, el plan de Washington contempla la reapertura inmediata de la industria a las compañías norteamericanas para que reparen una infraestructura que se encuentra en estado crítico debido a la falta de inversión y la corrupción. El mandatario estadounidense ha sido directo al afirmar que su país “dirigirá” Venezuela hasta que se complete una transición adecuada, utilizando el crudo como la principal moneda de cambio para garantizar que el nuevo gobierno no dependa de alianzas con potencias rivales como China o Rusia. Esta narrativa de “recuperación de activos” marca un cambio radical en la diplomacia energética, transformando el subsuelo venezolano en el botín de guerra de una intervención que busca redibujar el mapa geopolítico del continente. Mientras las fuerzas especiales aseguran las refinerías, el mundo observa cómo se intenta resucitar una relación comercial que pasó del auge extractivo a un conflicto bélico por el control del recurso más estratégico del planeta.

¿Le debe entonces petróleo Venezuela a Estados Unidos?
En realidad, la Venezuela chavista cayó en “default” en 2017 y acumula una deuda impagada que en la actualidad se estima en US$150.000 millones. Esa cifra incluye bonos soberanos y de PDVSA impagados, pero también préstamos no devueltos a potencias amigas como China y Rusia. El gobierno de Nicolás Maduro sostiene desde hace años que las dificultades económicas del país se deben a las sanciones de Estados Unidos, que han limitado su capacidad para exportar petróleo. Aunque los expertos señalan que el pronunciado declive de la producción petrolera venezolana, -que hoy se sitúa en torno a 1,3 millones de barriles diarios, cuando llegó a alcanzar máximos de 3,7 millones-, es resultado en gran medida de la mala gestión y la corrupción en los años de los gobiernos de Chávez y Maduro. Para Monaldi, “las expropiaciones de Chávez estuvieron mal hechas y Venezuela está pagando las consecuencias, pero eso no quiere decir que el petróleo venezolano sea de las empresas estadounidenses. Nunca lo fue; ellas solo tenían la concesión para explotarlo”. Y así como este sábado Trump habló del rol de los estadounidenses en los orígenes de la industria petrolera venezolana, antes lo había hecho Stephen Miller, asesor de Seguridad Nacional y una de las figuras claves de su gabinete. “El sudor, ingenio y esfuerzo estadounidenses crearon la industria petrolera en Venezuela. Su despótica expropiación fue el mayor robo de riqueza y propiedad estadounidense del que hay registros. Estos activos saqueados fueron usados para financiar el terrorismo e inundar nuestras calles con asesinos, mercenarios y drogas”, dijo Miller. En este sentido, “Trump y Miller están usando una retórica exagerada que no se corresponde con los hechos”. Tinker Salas coincide en que “no hay contexto histórico para decir que Venezuela le robó el petróleo a Estados Unidos”.Y respecto a la afirmación de Miller de que fue “el sudor estadounidense” el que hizo nacer la industria petrolera en Venezuela, lo tiene claro: “Por supuesto, hubo un grupo de expertos estadounidenses, pero los que cortaron la selva, excavaron los pozos y trabajaron el terreno fueron los venezolanos”.

Fuente: BBC








