La estrategia de Rusia para proteger su comercio de crudo ha entrado en una fase de desesperación logística. Según informes de Lloyd’s List y The Guardian, aproximadamente 40 embarcaciones integrantes de la denominada “flota oscura” solicitaron el reabanderamiento ruso durante 2025 para obtener la protección diplomática y militar del Kremlin. Este movimiento se intensificó drásticamente en diciembre, mes en el que se registraron 17 buques, superando los 15 inscritos en los cinco meses previos. La aceleración responde directamente a las amenazas de Donald Trump sobre un bloqueo total a los buques vinculados con el petróleo sancionado de Venezuela e Irán.
La flota oscura, compuesta por más de 1400 barcos a nivel global, utiliza prácticas engañosas como el apagado de transpondedores (AIS), la falsificación de identidades y el transbordo de carga en alta mar. Un caso emblemático es el del petrolero Marinera (antes Bella 1), que intentó evadir a la Guardia Costera de Estados Unidos pintando rudimentariamente la bandera rusa en su casco antes de ser capturado en el Atlántico Norte. Operaciones similares resultaron en la incautación del M/T Sophia en el Caribe y el Skipper frente a las costas venezolanas, demostrando que el cambio de bandera no garantiza inmunidad frente a la renovada agresividad de la Marina estadounidense.
El impacto económico de estas operaciones es masivo. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) calcula que la flota oscura transporta 3.7 millones de barriles diarios, lo que equivale al 65% de las exportaciones marítimas de petróleo de Rusia. Con ingresos anuales que oscilan entre los 87000 y 100000 millones de dólares, estos fondos son considerados por occidente como el motor financiero del esfuerzo bélico ruso en Ucrania. Douglas Alexander, secretario de Estado de Escocia, enfatizó que desmantelar esta red es una prioridad de seguridad nacional para evitar que el comercio ilegal de energía siga fomentando conflictos en Europa y Oriente Medio.








