El fútbol profesional suele devorar las promesas de fidelidad, y el caso de Octavio Rivero es el ejemplo más reciente en el torneo chileno. Tras confirmarse su incorporación a Universidad de Chile, las redes sociales y los archivos de prensa rescataron una frase que el atacante emitió años atrás en una entrevista radial: “Nunca jugaría ahí”. En aquel entonces, Rivero gozaba de un vínculo estrecho con la hinchada de Colo Colo y aseguraba que, por respeto a esa identificación alba, vestir la camiseta azul era una opción descartada. Hoy, el cambio de contexto profesional ha puesto fin a esa premisa, situando al charrúa ante el desafío de ganarse a una hinchada que aún mira con recelo su pasado y sus palabras.
Rivero llega a Santiago tras una destacada etapa en el fútbol ecuatoriano con Barcelona SC, donde consolidó cifras importantes: 56 partidos disputados y 25 goles marcados en una temporada y media. Esta efectividad es la que llevó a la directiva de la “U” a apostar por él para acompañar a Eduardo Vargas en el ataque. Sin embargo, el “Fantasma del Monumental” lo seguirá de cerca hasta que sus actuaciones en cancha logren disipar la sombra de su antigua declaración. Para el delantero, la misión es clara: transformar los cuestionamientos por su pasado en celebraciones de gol que validen su presente como referente del área universitaria.








