Un testimonio difundido en redes sociales y compartido por la secretaria de prensa de Estados Unidos, Karoline Leavitt, ofrece detalles inéditos sobre la incursión de agentes estadounidenses en territorio venezolano. Según el relato de un guardia de seguridad presente en el sitio, el operativo inició con un apagón repentino de los sistemas de radar, seguido por el despliegue de drones y el descenso de unos 20 soldados desde helicópteros. El testigo destacó que la precisión y rapidez del ataque impidieron cualquier respuesta efectiva por parte de las fuerzas locales, a pesar de que estas contaban con un mayor número de efectivos en el área.
El aspecto más alarmante del relato describe el uso de una tecnología no identificada que emitía ondas sonoras de alta intensidad. El guardia aseguró haber sentido “como si la cabeza le explotara por dentro”, mientras que varios de sus compañeros sufrieron sangrado nasal, vómitos con sangre y parálisis temporal, quedando fuera de combate de manera casi instantánea. Esta descripción coincide con los efectos documentados de armas sónicas y sistemas de energía dirigida. Según el informante, el grupo estadounidense no registró bajas y utilizó equipamiento táctico avanzado que superó por completo la capacidad de respuesta de la vigilancia local.
Hasta el momento, estas declaraciones se basan exclusivamente en el testimonio publicado en plataformas digitales y no cuentan con una confirmación oficial por parte de los departamentos de defensa de ambos países. Sin embargo, la difusión del material por parte de altos cargos en Washington ha generado una ola de especulaciones sobre la sofisticación del armamento empleado en la captura de objetivos de alto valor en Venezuela el pasado 3 de enero de 2026.








