La tensión entre La Habana y Washington ha alcanzado un nuevo punto de ebullición este lunes 12 de enero de 2026. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, utilizó sus redes sociales para desmentir las afirmaciones de Donald Trump sobre supuestas negociaciones en curso entre ambos gobiernos. Mientras Trump aseguraba a bordo del Air Force One que su administración está “hablando con Cuba”, Díaz-Canel fue enfático al aclarar que no existen conversaciones políticas, limitando la relación actual exclusivamente a contactos técnicos en el ámbito migratorio para el cumplimiento de los acuerdos bilaterales vigentes.
Este cruce de declaraciones se produce apenas una semana después de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el principal aliado estratégico y proveedor de crudo de la isla. Donald Trump ha aprovechado este cambio geopolítico para intensificar la presión económica, advirtiendo que “no habrá más petróleo ni dinero para Cuba” y sugiriendo que el gobierno cubano debe alcanzar un acuerdo “antes de que sea demasiado tarde”. La retórica de la Casa Blanca se ha tornado más agresiva, incluyendo comentarios del presidente estadounidense sobre la posibilidad de que su secretario de Estado, Marco Rubio, asuma un rol de liderazgo en una futura transición en la isla.
Díaz-Canel respondió a las amenazas de coerción económica subrayando que cualquier avance en las relaciones bilaterales debe fundamentarse en el derecho internacional y no en la hostilidad. Mientras Trump mantiene el misterio sobre los términos del acuerdo que exige, la isla se enfrenta a un escenario de aislamiento energético crítico tras el derrocamiento del régimen chavista. El tono de los mensajes sugiere que, lejos de un acercamiento, la administración Trump busca forzar un cambio de sistema en Cuba utilizando la asfixia económica como principal herramienta de negociación.








