La Fuerza Aérea de Estados Unidos concluyó en diciembre de 2025 la investigación sobre el fatal accidente ocurrido en marzo de 2024 en la base aérea de Alaska. El informe determina que la muerte del sargento Charles Crumlett, de 25 años, no se debió a fallos técnicos del caza de quinta generación, sino a una serie de errores humanos evitables. El reporte detalla cómo una rutina de mantenimiento se convirtió en tragedia debido a una falsa sensación de seguridad: el equipo creía que el interruptor de protección desactivaba el lanzador de misiles, cuando en realidad solo bloqueaba las compuertas externas del F-22 Raptor.
El informe identifica tres factores críticos en el incidente. Primero, el jefe de mantenimiento activó el sistema desde la cabina del piloto en lugar de usar la computadora portátil reglamentaria, lo que le impidió visualizar la zona de peligro donde Crumlett trabajaba. Segundo, el ruido extremo en la base obligó al uso de doble protección auditiva y señales manuales; en este contexto, un gesto de “pulgar arriba” fue malinterpretado como una señal de “todo despejado”. Tercero, cuando el riel del lanzador se retrajo, Crumlett —quien llevaba apenas un mes en esa unidad tras trabajar con aviones A-10 y F-15— quedó atrapado, sufriendo heridas fatales.
La investigación también expone graves carencias en la preparación de la unidad. Se reveló que tres de los seis mecánicos presentes eran aprendices y que el equipo no practicaba esta maniobra con la frecuencia necesaria. La falta de un liderazgo claro y la omisión de los protocolos de supervisión directa permitieron que se activara el mecanismo con una persona aún en el compartimento de misiles. Este caso ha llevado a la Fuerza Aérea a revisar sus programas de capacitación y los procedimientos de comunicación no verbal en entornos de alta intensidad acústica para evitar que errores similares se repitan en 2026.








