Nuevas revelaciones sobre las operaciones militares de Estados Unidos en el Caribe han desatado un debate global sobre la ética y la legalidad de sus tácticas. Según informes publicados este jueves 15 de enero de 2026 por The New York Times y Military Times, el Pentágono empleó una flota secreta de aviones de vigilancia camuflados como aeronaves civiles para atacar embarcaciones vinculadas al narcotráfico. El caso emblemático ocurrió el 2 de septiembre de 2025, cuando un avión con municiones ocultas dentro del fuselaje —para no ser detectado como nave de combate— destruyó una presunta narcolancha frente a las costas venezolanas.
Esta táctica, conocida legalmente como perfidia, está explícitamente prohibida por los manuales de guerra de la Fuerza Aérea y la Armada de EE. UU., ya que poner en riesgo el estatus de protección de los civiles vulnera los principios de honor militar. Aunque el Departamento de Defensa defendió el uso de aeronaves “no estándar” según la necesidad de la misión, la controversia aumenta al conocerse el saldo de la campaña: entre septiembre y diciembre de 2025, se realizaron operaciones letales contra 35 embarcaciones, dejando un total de 115 fallecidos.
Estas misiones formaron parte de la política de “máxima presión” de la administración de Donald Trump, que culminó recientemente con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos federales. Expertos en derecho internacional sugieren que el uso de estas estrategias encubiertas podría empañar los procesos judiciales en curso, mientras que organizaciones de derechos humanos exigen transparencia sobre si estas aeronaves camufladas operaron en espacios aéreos comerciales, poniendo en peligro la aviación civil internacional.








