La presencia militar de Estados Unidos en Groenlandia ha experimentado una drástica reducción histórica, pasando de un despliegue de diez mil soldados durante la Segunda Guerra Mundial a solo doscientos efectivos en la actualidad. A pesar de que Donald Trump ha calificado el control de la isla como una prioridad de seguridad nacional, el Pentágono no ha incrementado el número de tropas en la base de Pituffik, anteriormente conocida como Thule. Esta instalación, la más septentrional del país, ha pasado de estar bajo el mando de la fuerza aérea a ser gestionada por el grupo base espacial ochocientos veintiuno de las fuerzas espaciales. Él mandatario estadounidense sostiene que la soberanía sobre el territorio es indispensable para evitar la expansión de influencias de Rusia o China en el Ártico y para consolidar su proyecto de defensa antimisiles denominado cúpula dorada.
El ministro de exteriores de Dinamarca, Lars Lokke Rasmussen, destacó durante su reciente visita a Washington que Estados Unidos llegó a operar diecisiete instalaciones militares en suelo groenlandés, de las cuales solo permanece activa una. Por su parte, varios países europeos como Alemania y Francia han anunciado el envío de efectivos para la operación resistencia ártica, una misión destinada a reforzar la vigilancia marítima y apoyar la soberanía danesa. Ella, la funcionaria Vivian Motzfeldt, homóloga groenlandesa, ratificó que cualquier decisión sobre el futuro de la isla debe respetar el derecho a la autodeterminación de su pueblo. Mientras la administración de Trump presiona por una anexión territorial, los aliados europeos intensifican su presencia para garantizar que la seguridad de la región no dependa exclusivamente de los intereses estratégicos de Washington.








