Funcionarios de la administración de Donald Trump han mantenido comunicaciones estratégicas con Diosdado Cabello, actual ministro del Interior de Venezuela, meses antes y después de la operación que resultó en la captura de Nicolás Maduro. Según fuentes familiarizadas con el asunto citadas por la agencia Reuters, el objetivo principal de estos contactos ha sido advertir al funcionario, de 62 años, que evite el uso de los servicios de inteligencia y de los grupos de choque progubernamentales para perseguir a la disidencia. Estas advertencias buscan prevenir un estallido de violencia que pudiera desestabilizar el control de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, y entorpecer los planes de transición diseñados por Washington.

A pesar de que Cabello figura en la misma acusación federal por narcotráfico que justificó el arresto de Maduro —y por quien Estados Unidos ofrece una recompensa de 25 millones de dólares—, no fue capturado durante la incursión del pasado 3 de enero. La estrategia estadounidense parece enfocada en neutralizar a Cabello como un posible factor de caos, dado su histórico mando sobre las milicias y los servicios de contrainteligencia. Aunque públicamente ha jurado lealtad a Rodríguez, la Casa Blanca observa con cautela su rivalidad interna y su capacidad para frustrar el aumento de la producción petrolera o la liberación de presos políticos, procesos que actualmente supervisa desde su cargo ministerial.








