La administración de Estados Unidos ha puesto en marcha una estrategia quirúrgica para estrangular las principales fuentes de ingresos de Cuba, aprovechando la crisis política en Venezuela. Bajo la dirección del Departamento de Estado, se han reactivado sanciones que prohíben transacciones financieras directas con el conglomerado empresarial militar GAESA, lo que ha provocado el cierre de las vías formales para el envío de remesas. El presidente Donald Trump ratificó que no se permitirá la llegada de más crudo venezolano a la isla, eliminando un pilar energético y financiero fundamental que La Habana utilizaba para obtener divisas mediante la reexportación a mercados asiáticos.
El plan estadounidense también ataca la exportación de servicios profesionales, principalmente las misiones médicas, al restringir visados para funcionarios extranjeros que contraten estas brigadas bajo esquemas de trabajo forzado. Según organismos internacionales, estos servicios representan más del 40% de las ventas externas de la isla, generando ingresos de hasta ocho mil millones de dólares anuales. Asimismo, el sector turístico enfrenta un declive persistente debido a la suspensión de visados rápidos para visitantes de la Unión Europea y el deterioro de la infraestructura local, reduciendo el flujo de viajeros a menos de la mitad en comparación con años anteriores








