La propuesta de Donald Trump para gestionar la posguerra en la Franja de Gaza ha generado una profunda fractura diplomática este martes 20 de enero de 2026. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, manifestó que sería “muy difícil” aceptar la invitación para formar parte de la Junta de Paz debido a que la Casa Blanca también ha extendido invitaciones a Vladímir Putin y Aleksandr Lukashenko. Para Zelenski, la inclusión de los líderes responsables de la agresión militar contra su país transforma el organismo en una “junta de guerra”, invalidando su propósito original de promover la estabilidad.
La negativa de Ucrania se suma al rechazo frontal del presidente francés, Emmanuel Macron, quien teme que este nuevo cuerpo desplace definitivamente a las Naciones Unidas en la gestión de crisis internacionales. La respuesta de Trump no se hizo esperar, amenazando a Francia con la imposición de nuevos aranceles comerciales como represalia por no alinearse con su plan. Esta situación coloca a Kiev en una posición extremadamente delicada, ya que la resistencia ucraniana depende directamente del armamento estadounidense sufragado con fondos europeos, un suministro que podría verse comprometido si Zelenski mantiene su rechazo.
Mientras los diplomáticos ucranianos trabajan en una respuesta oficial que intente suavizar la negativa sin validar la presencia de Putin, otros países invitados mantienen una postura ambigua. La Casa Blanca insiste en que el Consejo de Paz es la única vía “ágil y eficaz” para la reconstrucción de Gaza, pero la resistencia de aliados clave como Francia y Ucrania pone en duda la viabilidad de una junta que, por ahora, parece profundizar las divisiones globales en lugar de resolverlas.








