El panorama diplomático en Oriente Medio ha dado un paso decisivo este miércoles 21 de enero de 2026. La oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu confirmó que Israel ha aceptado formalmente la invitación del presidente Donald Trump para integrarse al “Consejo de Paz”. Este organismo, presidido por el propio Trump, exige a sus miembros permanentes una contribución de hasta 1000 millones de dólares bajo la premisa de promover la estabilidad mundial. Aunque el enfoque inicial de la junta es la reconstrucción de Gaza, los estatutos del consejo sugieren una competencia global que trasciende el territorio palestino, consolidando una nueva estructura de poder liderada desde la Casa Blanca.
La adhesión de Israel no está exenta de fricciones. Netanyahu ha expresado su firme oposición a la inclusión de funcionarios de Turquía y Catar en el “Consejo Ejecutivo para Gaza”, que operará bajo el mando de la junta principal. Las tensiones entre Jerusalén y Ankara, agravadas desde octubre de 2023, amenazan con bloquear la operatividad del comité donde figuran el canciller turco Hakan Fidan y el diplomático catarí Ali Al Thawadi. Mientras tanto, Francia ha ratificado su rechazo a participar, distanciándose de una iniciativa que muchos aliados europeos ven con escepticismo debido a su costo y a su autonomía frente a los organismos tradicionales.
En el terreno administrativo, la segunda fase del plan de tregua de Trump ya ha comenzado a caminar. En El Cairo, un comité independiente compuesto por 15 tecnócratas palestinos y liderado por Ali Shaath ha iniciado esta semana las labores de planificación para la administración diaria de la Franja. Este grupo busca establecer una gestión civil que permita la entrada de fondos internacionales una vez que el Consejo de Paz ratifique los protocolos de seguridad. La presencia de Netanyahu en la junta superior asegura que Israel tendrá voz directa en la disposición de los recursos y en la definición de la nueva arquitectura política de la región.








