El conflicto armado en Colombia ha entrado en una fase tecnológica sin precedentes este miércoles 21 de enero de 2026. El Ministerio de Defensa, liderado por Pedro Sánchez, anunció la puesta en marcha del “Proyecto Escudo Nacional Antidrones”, una inversión inicial de 1680 millones de dólares destinada a neutralizar la creciente amenaza de grupos como el ELN y las disidencias de las FARC. La decisión surge como respuesta directa al ataque del 18 de diciembre de 2025 en el Cesar, donde drones cargados con explosivos mataron a 7 soldados. El presidente Petro ha sentenciado que la guerra actual es “de drones y antidrones”, reconociendo que la ventaja aérea ha pasado de las fuerzas armadas a las economías ilícitas del narcotráfico.
La estrategia busca crear una red de detección y control mediante sensores y radares que protejan infraestructuras críticas, como refinerías, unidades militares y la Casa de Nariño. Sin embargo, el proyecto enfrenta escepticismo por parte de analistas de seguridad. Laura Bonilla, de la Fundación Paz y Reconciliación, advierte que los grupos armados utilizan drones comerciales baratos (adquiridos por internet y adaptados con tutoriales) que funcionan como los antiguos “cilindros bomba”. La duda principal radica en si un escudo tecnológico diseñado para conflictos convencionales —como los de Israel o Estados Unidos— podrá ser efectivo en geografías accidentadas como el Catatumbo o el Amazonas, donde la guerra de guerrillas es de movilidad constante.
Mientras se define qué país proveerá la tecnología, el ejército ya ha presentado su primer batallón de drones con inteligencia artificial en Tolemaida, capaces de identificar rostros y rastrear objetivos a 45 kilómetros. Este despliegue de alta tecnología, que incluye también la compra de 17 aviones de combate Gripen por 4500 millones de dólares, marca un giro confrontativo en la gestión de Petro a solo seis meses de finalizar su mandato. Con las elecciones de mayo en el horizonte, el Escudo Antidrones se posiciona como la apuesta final del gobierno para recuperar el control del espacio aéreo frente a organizaciones que han encontrado en la tecnología comercial una forma barata y letal de golpear al Estado.








