Recientes estudios en neurociencia y psicología han profundizado en el poder del contacto físico, revelando que los abrazos no solo brindan consuelo, sino que son fundamentales para la autopercepción. Una investigación liderada por la Universidad Queen Mary de Londres destaca el papel de la “termocepción” o la percepción del calor en la piel. Según los científicos, la calidez de un abrazo ayuda al cerebro a reconocer el cuerpo como propio, generando una sensación de seguridad arraigada desde el útero. Este vínculo entre la temperatura y la regulación corporal influye directamente en las emociones y la estabilidad mental, fortaleciendo el sentido de pertenencia y conexión con el yo físico.
Sin embargo, el poder del contacto humano también tiene un lado oscuro. Investigaciones de la Universidad de Binghamton señalan que personas con rasgos de la “tríada oscura” (narcisismo, psicopatía y maquiavelismo) suelen utilizar el afecto físico como método de control. El estudio determinó que estas personalidades emplean el tacto para manipular a sus parejas en beneficio propio, un comportamiento que se observa con mayor frecuencia en mujeres con dichos rasgos. Mientras que en los hombres el contacto físico suele asociarse con la búsqueda de seguridad ante la ansiedad relacional, en contextos manipuladores el abrazo pierde su función sanadora para convertirse en un mecanismo de dominio psicológico.








