El Consejo de la Unión Europea dio luz verde definitiva a un reglamento que prohíbe la compra de gas natural licuado (GNL) ruso a partir de inicios de 2027 y la eliminación total del gas por gasoducto para el otoño de ese mismo año. Con 24 votos a favor y la oposición de Hungría y Eslovaquia, la normativa busca acabar con una dependencia energética que en 2025 significó un desembolso de 15000 millones de euros a favor de Rusia. La ley prohíbe la firma de nuevos contratos seis semanas después de su publicación oficial y establece que para el 1 de marzo de 2026, los países miembros deberán presentar planes nacionales de diversificación para garantizar su seguridad energética.
El incumplimiento de estas medidas acarreará sanciones severas que parten desde los 2500000 euros para personas físicas y hasta los 40000000 de euros para empresas, o el 3,5 por ciento de su facturación mundial. Aunque la Comisión Europea podrá suspender la prohibición temporalmente en caso de emergencia extrema, el objetivo es una transición irreversible hacia la autonomía energética. La medida ha generado reacciones mixtas; mientras el bloque celebra el paso hacia la resiliencia, organizaciones como Greenpeace protestaron en Bruselas advirtiendo que la UE no debe simplemente sustituir el gas ruso por importaciones de Estados Unidos, perpetuando la dependencia de combustibles fósiles externos.








