El Papa León XIV, nacido como Robert Francis Prevost, ha marcado un distanciamiento simbólico con sus predecesores al elegir como residencia la buhardilla del Palacio Apostólico, situada entre la tercera logia y la azotea. A diferencia de Francisco, que prefirió la Casa Santa Marta, o de pontífices anteriores que ocupaban los espaciosos apartamentos papales, el nuevo Papa se alojará en una zona discreta y apenas visible desde el exterior. Tras nueve meses de su elección, el traslado al Vaticano es inminente una vez concluidas las profundas obras de reestructuración para reparar humedades, goteras y renovar los sistemas eléctricos tras 12 años de desuso.
La nueva morada del pontífice refleja un estilo pragmático y austero, con muebles de diseño comercial y el blanco como color predominante. El diseño de la planta prioriza la funcionalidad sobre la tradición: la habitación privada carece de baño propio (ubicado en el pasillo) y se ha habilitado una cocina y una capilla pequeña para sus colaboradores cercanos, como sus secretarios Edgard Iván Rimaycuna y Marco Billeri. Además, acorde a su afición por el deporte, se ha instalado un gimnasio privado que le permitirá mantener su rutina física lejos de los centros públicos que frecuentaba antes de su elección.
Esta ubicación estratégica garantiza la privacidad total del Papa, ya que la disposición del dormitorio —sin vistas a la Plaza de San Pedro— impedirá que los fieles y la prensa puedan adivinar si está en casa a través de la iluminación de las ventanas. León XIV tendrá también acceso directo a la azotea, donde se encuentra la réplica de la Gruta de Lourdes heredada de Juan Pablo II. Con este movimiento, Prevost unifica su vida laboral y privada en el Palacio Apostólico, aunque manteniendo una distancia física y estética que subraya su carácter reservado y su origen estadounidense.








