El portal de investigación Meduza reveló este miércoles 4 de febrero de 2026 que el Instituto de Inteligencia Artificial de Moscú, dirigido por Katerina Tíjonova —hija menor de Vladímir Putin—, lidera un proyecto para convertir palomas en biodrones. A través de la start-up Neiry Group, investigadores implantan electrodos directamente en el cerebro de las aves para controlar sus movimientos mediante estímulos eléctricos. El objetivo declarado es emplear a estos animales en misiones de búsqueda, rescate e inspección de infraestructuras críticas, aprovechando su capacidad de vuelo para acceder a zonas restringidas de manera orgánica y discreta.
El desarrollo tecnológico cuenta con un sólido respaldo financiero de organizaciones supervisadas por la presidencia rusa y fondos del oligarca Vladímir Potanin. El equipo técnico, encabezado por el biólogo Vasili Popkov, utiliza “interfaces neuronales invasivas” para enviar órdenes a las palomas, las cuales portan una pequeña mochila con batería solar en el lomo y una cámara en el pecho. Aunque la empresa asegura que sus fines son pacíficos y éticos, comparando el control del ave con el acto de montar a caballo, la naturaleza del proyecto ha despertado alertas sobre su posible uso en operaciones de espionaje militar.
A pesar de la millonaria inversión —que supera los 13 millones de dólares desde 2018—, la comunidad científica internacional mantiene sus reservas sobre la efectividad real de estos biodrones. Expertos citados por medios rusos dudan de que el avance de la neurotecnología actual permita un control preciso a larga distancia, especialmente en entornos de combate. Por ahora, las palomas “cíborg” continúan en fase de laboratorio, aunque Neiry Group planea iniciar pronto vuelos experimentales de decenas de kilómetros para probar la autonomía de sus sistemas de geolocalización y transmisión de datos.








