La elección de Bad Bunny para el intermedio del enfrentamiento entre Seattle Seahawks y New England Patriots ha generado diversas reacciones en el entorno de la NFL. Robert Griffin III, exmariscal de campo de la liga, manifestó su deseo de que el cantante utilice su plataforma para conectar a la audiencia mediante el baile y el ritmo, restando importancia a las posibles declaraciones políticas del intérprete. El comisionado Roger Goodell también expresó su confianza en que el evento servirá para congregar a los aficionados en una celebración centrada exclusivamente en la música.
El artista ha mantenido una postura crítica respecto a ciertas políticas migratorias de los Estados Unidos, lo que despertó cuestionamientos previos sobre el tono de su intervención en el Moscone Center West. Mientras personalidades como Logan Paul mostraron su desinterés, antiguos jugadores como Todd Gurley y Danny Amendola confirmaron su entusiasmo por el despliegue artístico programado en San Francisco. La organización del evento busca que la esencia rítmica del espectáculo prevalezca sobre las controversias externas, consolidando al Super Bowl como el escenario cultural más relevante del año.








