El interés por la salud intestinal ha impulsado el consumo de alimentos fermentados más allá del tradicional kéfir. Especialistas citados por The Independent y organismos como la Organización Mundial de Gastroenterología y la Clínica Universidad de Navarra señalan que algunos productos ofrecen una mayor y más diversa concentración de microorganismos beneficiosos. Entre ellos figura el chucrut, elaborado a partir de repollo fermentado en salmuera y rico en bacterias del género Lactobacillus, asociado al equilibrio digestivo y a la regulación del apetito. También destaca el miso, pasta fermentada de soya, sal y cereales, ampliamente utilizada en la cocina asiática y valorada por su aporte de probióticos y proteínas vegetales.

La kombucha, bebida obtenida del té verde endulzado y una colonia simbiótica de bacterias y levaduras, amplía la variedad de microorganismos en la flora intestinal, aunque se aconseja precaución en personas con antecedentes de candidiasis. Los pepinos agridulces artesanales, cuando no están pasteurizados, conservan una alta densidad de probióticos y constituyen una alternativa vegetal a los lácteos. A ellos se suma el yogur de garbanzos, opción cremosa elaborada mediante fermentación vegetal que aporta microorganismos vivos y nutrientes esenciales. Expertos recuerdan la diferencia entre probióticos, que son microorganismos activos, y prebióticos, que estimulan su crecimiento, ambos fundamentales para el equilibrio digestivo








