Medios estatales iraníes, citando fuentes de la Guardia Revolucionaria Islámica, informaron este lunes 2 de marzo de 2026 que su última ofensiva con misiles logró impactar objetivos estratégicos en el corazón del Estado judío. Según las agencias Irna y Tasnim, los ataques “selectivos y sorpresivos” se centraron en la oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu y en el lugar de despliegue del comandante de la Fuerza Aérea israelí. Esta décima oleada de proyectiles Jeibar forma parte de la respuesta de Teherán a la incursión aérea iniciada el pasado sábado por las fuerzas conjuntas de Israel y Estados Unidos.
A pesar del anuncio de Teherán sobre el éxito de la operación en el complejo gubernamental, las autoridades de defensa israelíes sostienen que la mayor parte de los proyectiles han sido interceptados por sus sistemas de protección. No obstante, la violencia ya ha dejado consecuencias fatales en territorio israelí: el domingo se confirmó la muerte de nueve personas en Beit Shemesh, a 30 kilómetros de Jerusalén, tras el impacto de un misil contra una sinagoga que servía como refugio comunal. Con estas víctimas, la cifra de fallecidos en Israel asciende a 10 desde el inicio de las hostilidades el fin de semana.
La situación humanitaria en Irán es considerablemente más grave. Según reportes de la Media Luna Roja, los bombardeos de la coalición liderada por Washington han causado más de 550 muertes en territorio persa. Uno de los incidentes más trágicos ocurrió en el sur del país, específicamente en una escuela de la localidad de Minab, donde se contabilizaron 180 víctimas mortales. Mientras Irán promete revelar más información sobre los daños causados en el complejo de Netanyahu, la comunidad internacional observa con alarma la expansión de un conflicto que ya suma cientos de bajas en menos de 72 horas.








