Michael Phelps, el máximo medallista olímpico de la historia con 28 preseas (23 de oro), confesó en el podcast de WHOOP la dolorosa razón por la que no desea que sus cuatro hijos —Boomer, Beckett, Maverick y Nico— sigan sus pasos en la natación de alto rendimiento.
Durante la entrevista, Phelps habló abiertamente sobre las graves secuelas que dejó su carrera: depresión, ansiedad y una autoexigencia extrema que lo llevó a verse como “un asesino con gafas y gorro” dispuesto a todo por las medallas. “Me miraba al espejo y no veía a alguien con emociones. Me veía como el tipo que ganó unos cuantos oros y rompió récords mundiales, nunca me vi como un ser humano”, relató. En los peores momentos, admitió haber “mirado a la muerte a los ojos” y aún hoy enfrenta días en que “la habitación se me cae encima”.

Además de sus luchas personales, criticó duramente a USA Swimming por la falta de apoyo y liderazgo. Recordó que el equipo pasó 372 días sin CEO y que sus intentos de impulsar cambios fueron rechazados. “No creo que la selección nacional haya hecho todo lo que podría para ayudarnos a ser los mejores. No tratan a los atletas como deberían”, afirmó. Por eso, sentenció: “No quiero que vivan lo que yo pasé durante más de veinte años con el equipo de Estados Unidos. Es una experiencia que no le deseo a nadie”.
Hoy retirado, Phelps prioriza su salud mental, su rol como padre y esposo. Aunque valora su legado en la natación, ha encontrado paz lejos de las piscinas y las exigencias olímpicas, aprendiendo cada día de la diversidad de sus hijos.









