Desde el inicio de su gestión el 1 de marzo de 2025, el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, ha liderado un cambio radical en la política exterior del país, alejándose de la influencia de Washington para estrechar vínculos con Beijing. Este distanciamiento se hizo evidente tras la postura crítica del gobierno uruguayo ante la operación militar estadounidense en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro y, más recientemente, con la gira oficial de Orsi a China. En dicho viaje, el mandatario firmó una asociación estratégica integral con Xi Jinping, lo que generó preocupación en Estados Unidos y Taiwán por el aumento de la presencia del gigante asiático en el Cono Sur.
Como consecuencia de esta nueva orientación, Uruguay ha quedado excluido de espacios multilaterales prioritarios para la administración de Donald Trump, como la reciente cumbre “Escudo de las Américas” en Florida y la Junta de Paz para Gaza. Además, las autoridades norteamericanas suspendieron el régimen migratorio favorable para ciudadanos uruguayos. Washington Abdala, exembajador ante la OEA, calificó este giro como un error estratégico, señalando que el país ha perdido el capital diplomático acumulado durante el gobierno anterior y ha quedado fuera del “club de amigos” de Trump, a diferencia de vecinos como Argentina y Paraguay que mantienen alineamientos claros con el país del norte.








