Diversas naciones aliadas han manifestado su negativa a participar en una operación militar liderada por Estados Unidos para desbloquear el estrecho de Ormuz. La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, junto con representantes de Australia, Alemania, Italia y Reino Unido, han descartado el despliegue de buques o tropas en la zona, apostando por soluciones diplomáticas. El ministro británico Pat McFadden subrayó que su país no está obligado a respaldar cada intervención estadounidense, a pesar de las advertencias de Donald Trump sobre un “futuro sombrío” para la OTAN si los aliados no colaboran. Por su parte, Italia y Grecia sugirieron reforzar las misiones actuales en el mar Rojo, pero sin extender su radio de acción hacia el área del conflicto con Irán.
Ante esta postura colectiva, el presidente Donald Trump criticó la falta de “entusiasmo” de sus aliados, recordándoles el apoyo histórico y la protección que Estados Unidos les ha brindado por años. Países como Suecia y Finlandia también aclararon que no han recibido peticiones formales, por lo que no consideran unirse a una eventual misión armada. Esta resistencia internacional ocurre en un momento de alta tensión comercial y militar, donde la prioridad de los gobiernos europeos y asiáticos parece centrarse en evitar una escalada bélica directa en una de las rutas marítimas más importantes para el suministro global de energía. La visita oficial de Takaichi a Washington esta semana se perfila como un escenario clave para discutir estas diferencias.








