El hallazgo, centrado en el área de las Guilleteres d’All, confirma que el Imperio romano extrajo oro de los sedimentos antiguos de los Pirineos entre los siglos I y IV d. C. Aunque la calidad del metal en la cuenca del Segre era mencionada en fuentes antiguas, no se habían hallado pruebas concluyentes hasta que un equipo del Departamento de Ciencias de la Antigüedad y de la Edad Media utilizó técnicas de datación por luminiscencia (OSL). Este método permitió analizar minerales como el cuarzo en estructuras hidráulicas donde la falta de restos orgánicos impedía el uso del carbono 14, ratificando la antigüedad de los yacimientos.
La evidencia arqueológica revela el uso avanzado de la ingeniería hidráulica romana, que empleaba la presión del agua para erosionar terrazas fluviales y separar el oro de los sedimentos. Los investigadores vincularon estos complejos sistemas de canales y depósitos con talleres metalúrgicos hallados previamente en el yacimiento del Castellot de Bolvir. Este descubrimiento no solo valida las sospechas de décadas sobre la actividad minera en la Cerdaña y Lérida, sino que también destaca la sofisticación técnica de los romanos para explotar recursos naturales en terrenos geológicamente complejos.








