Rusia ejecutó una nueva operación militar a gran escala contra territorio ucraniano, empleando un misil hipersónico Kinzhal y un despliegue sin precedentes de 442 drones de diversos tipos. Según el reporte oficial de la Fuerza Aérea de Ucrania, el ataque se originó desde múltiples regiones rusas y la península de Crimea, afectando al menos siete localizaciones estratégicas. A pesar de la magnitud de la ofensiva, los sistemas de defensa antiaérea consiguieron interceptar o inhabilitar la mayoría de los dispositivos enemigos. No obstante, el impacto de fragmentos y aeronaves no tripuladas en zonas residenciales de Mikoláyiv dejó un saldo de diez personas heridas, entre ellas ocho menores de edad que fueron hospitalizados con pronósticos de diversa gravedad.
Este recrudecimiento de las hostilidades ocurre en un contexto de estancamiento de las negociaciones de paz. Mientras Moscú asegura que existen propuestas útiles por parte de Estados Unidos que aún no se han implementado, el Kremlin insta a Washington a presionar a Kiev para retomar los diálogos basados en acuerdos previos. Por su parte, las fuerzas ucranianas reportaron haber destruido más de mil objetivos enemigos en operaciones recientes, incluyendo sistemas de artillería y centros de despliegue de drones. La interrupción de los canales diplomáticos, influenciada por la atención internacional en otros conflictos globales, mantiene el escenario bélico en una fase de alta intensidad con graves consecuencias para la población civil.








