El estreno de Barcelona SC en la fase de grupos de la Copa Libertadores dos mil veintiséis dejó un saldo negativo tras la derrota cero a uno frente a Cruzeiro de Brasil. Ante un estadio Monumental con una importante presencia de aficionados, el conjunto amarillo mostró personalidad en los primeros pasajes del encuentro gracias a la sociedad entre Luis Cano y Jhonny Quiñónez. No obstante, la falta de contundencia en los últimos metros y un gol anulado por posición adelantada a los veintinueve minutos mermaron el ímpetu de los locales. Pese a la seguridad inicial del portero José Contreras, el equipo brasileño, valorado en más de doscientos millones de dólares, comenzó a imponer sus condiciones técnicas y a controlar la posesión del balón conforme avanzaba el cronómetro.
El desenlace del partido se selló apenas iniciado el segundo tiempo, cuando una desatención defensiva permitió que Matheus Pereira cabeceara sin marca un centro preciso de Gerson para marcar el único tanto del compromiso. A partir de ese momento, la desesperación se apoderó de los dirigidos por César Farías, quienes buscaron la igualdad con más pundonor que orden táctico. La sólida defensa de Cruzeiro neutralizó los intentos de Darío Benedetto, mientras que las variantes ofensivas no lograron romper el cerco visitante. Esta caída no solo complica el panorama deportivo de los canarios en el torneo continental, sino que también representa un perjuicio económico al dejar escapar el premio de trescientos cuarenta mil dólares que otorga la Conmebol por victoria en esta instancia.








