El terremoto de magnitud 7,5 sacudió este lunes la costa este de Honshu, activando de inmediato alertas de tsunami en las prefecturas de Iwate, Hokkaido y Aomori. Aunque el Sistema de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos estimó inicialmente una magnitud de 7,4, la Agencia Meteorológica de Japón (JMA) ajustó la cifra al alza, advirtiendo sobre olas que podrían alcanzar los tres metros de altura. Hasta el momento, las observaciones registran impactos de menor escala, con una onda de 0,8 metros en el puerto de Kuji y otra de 0,4 metros en el puerto de Miyako; sin embargo, las autoridades instan a no bajar la guardia debido a que el nivel del mar continúa subiendo.
La primera ministra, Sanae Takaichi, ordenó la evacuación inmediata de los residentes hacia terrenos elevados o edificios de seguridad, mientras el Gobierno establece un grupo de trabajo de emergencia para coordinar rescates y evaluar daños. El secretario jefe del gabinete, Minoru Kihara, informó que, pese a la intensidad del movimiento telúrico —que se sintió en Tokio durante unos siete minutos—, no se han reportado víctimas ni daños estructurales graves de forma preliminar. No obstante, se registran al menos 200 cortes de energía en las zonas afectadas, lo que ha provocado la suspensión total del servicio de tren bala entre Tokio y Shin-Aomori, así como de varias líneas locales en el norte del país.
En el ámbito energético, la Compañía Eléctrica de Tokio (TEPCO) confirmó que no se han detectado anomalías ni fugas radiactivas en las centrales de Fukushima Daiichi y Daini, ni en las plantas de Onagawa e Higashidori. Pese a la normalidad en los niveles de radiación, los operarios fueron evacuados como medida de precaución. Japón, ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, mantiene sus protocolos de máxima seguridad activados, recordando la vulnerabilidad de la región ante eventos de gran magnitud como el histórico terremoto de Tohoku en 2011.








