Las Fuerzas Armadas de Irán han intensificado la crisis en el golfo Pérsico tras anunciar que repelieron el avance de destructores pertenecientes a Estados Unidos e Israel. Mediante un comunicado oficial, Teherán aseguró haber emitido una advertencia letal que impidió la incursión de las flotas extranjeras en el área del estrecho de Ormuz, reafirmando su control sobre la vía marítima por donde circula una quinta parte del petróleo mundial. El alto mando militar iraní ha sido categórico al señalar que cualquier buque comercial o de guerra que intente transitar sin una coordinación previa con sus fuerzas desplegadas será considerado un objetivo militar legítimo, elevando el riesgo de una confrontación a gran escala.
La escalada ocurre como respuesta directa al lanzamiento del Proyecto Libertad, la ambiciosa operación militar del presidente Donald Trump que moviliza a 15.000 efectivos y un centenar de aeronaves para romper el cerco naval. Mientras Washington sostiene que la misión es una respuesta a peticiones internacionales para garantizar el libre comercio, Irán califica la presencia estadounidense como una agresión que solo complica el escenario regional. Con bloqueos mutuos vigentes desde mediados de abril, la parálisis logística en el estrecho amenaza la estabilidad económica global, mientras ambas potencias mantienen sus flotas en posición de combate en una de las rutas más volátiles del planeta.








