La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos advirtió sobre la posible formación de un fenómeno de El Niño a partir del verano de 2026, con un 25 % de probabilidades de que este evolucione a un “Superniño” en noviembre. Este evento ocurre cuando la temperatura del océano Pacífico supera en más de dos grados centígrados el promedio histórico, alterando drásticamente el clima global. Mientras que para la costa oeste de América se pronostican lluvias torrenciales e inundaciones, en regiones como el sudeste asiático y Australia se esperan sequías críticas e incendios.
A pesar de la magnitud del calentamiento oceánico, los expertos aclaran que un “Superniño” no garantiza necesariamente impactos más devastadores, ya que otros factores meteorológicos pueden interferir en su desarrollo. Para el Atlántico, el fenómeno suele actuar como un “escudo” al aumentar la cizalladura del viento, dificultando la formación de huracanes; no obstante, en el Pacífico oriental acelera la actividad ciclónica. Este monitoreo resulta clave para países como Estados Unidos, donde se prevén inviernos más secos en el norte y una intensificación de las sequías continentales actuales.








