Las recientes simulaciones militares de la OTAN en el Polo Norte han dejado una conclusión inquietante para el Pentágono: Estados Unidos está perdiendo la carrera por el control del Ártico. Según las evaluaciones de los juegos de guerra realizados este inicio de 2026, las fuerzas británicas y escandinavas demostraron una competencia táctica muy superior a la de las tropas estadounidenses. Mientras que naciones como Noruega y Finlandia se mueven con eficacia letal en condiciones de congelación brutal, las unidades de EE. UU. mostraron graves deficiencias operativas, evidenciando que la preparación para el combate ártico está hoy concentrada en Europa.
La crisis no es solo de entrenamiento, sino de infraestructura crítica. A pesar de poseer 1.600 kilómetros de costa ártica en Alaska, Estados Unidos enfrenta una desventaja logística masiva frente a Rusia. Mientras que Moscú opera una flota de más de 15 rompehielos y expande agresivamente sus bases militares en la Ruta del Mar del Norte, Washington cuenta con un número reducido de estas embarcaciones, vitales para cualquier despliegue en la zona. Esta brecha tecnológica ha encendido las alarmas en el Congreso estadounidense, que ve cómo la soberanía sobre recursos estratégicos y nuevas rutas comerciales queda en manos de sus competidores.








