Una agresiva cepa de influenza, denominada técnicamente como Subclado K y apodada popularmente como “súper gripe”, está provocando una crisis sanitaria en el hemisferio norte a inicios de este 2026. Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), esta variante mutada de la influenza A H3N2 es responsable del 90 por ciento de los contagios de la temporada. El mayor desafío para las autoridades radica en que el virus es capaz de burlar la protección de las vacunas desarrolladas para el periodo 2025-2026, ya que la mutación fue detectada después de que las inyecciones fueran distribuidas masivamente.
El brote, que tuvo su origen en Japón antes de expandirse por Europa y América del Norte, ha mostrado una virulencia inusual. Hasta la fecha, el CDC reporta 15 millones de personas afectadas, 180.000 hospitalizaciones y un saldo de 7.000 fallecidos, entre los que se cuentan 17 menores de edad. Los especialistas advierten que, a diferencia de otros virus respiratorios, los síntomas del Subclado K aparecen de forma violenta, comparando la sensación física con el impacto de un camión. Los grupos de mayor riesgo siguen siendo los ancianos y los niños, quienes presentan cuadros de fatiga extrema, fiebre alta y congestión severa.
Ante el aumento de la presión en los centros de salud, los expertos instan a la población a retomar medidas preventivas estrictas. Aunque la vacuna actual tiene una efectividad limitada contra esta cepa específica, se recomienda mantener el esquema actualizado para prevenir complicaciones graves. Además, el uso de mascarillas en lugares concurridos, el lavado frecuente de manos y la realización de pruebas diagnósticas ante los primeros síntomas son vitales para frenar la cadena de contagio. Estados como Georgia, Luisiana y Michigan han comenzado a reportar una saturación en sus salas de urgencias debido a este brote invernal.








