Abrir la ducha después de una jornada calurosa ya no garantiza alivio para muchos ciudadanos, quienes reportan que el agua mantiene temperaturas elevadas incluso pasadas las ocho o nueve de la noche. Lo que anteriormente era un fenómeno limitado a las horas de mayor exposición solar, ahora se extiende al horario nocturno, alterando las rutinas de higiene de quienes buscan refrescarse. Usuarios describen la sensación como si el sistema de tuberías tuviera calefacción integrada, un comportamiento inusual frente a años anteriores cuando bastaba esperar el anochecer para que el líquido recuperara su frescura habitual.
El oceanógrafo Franklin Ormaza González explica que este fenómeno se debe a que la radiación solar actual supera los 1000 vatios por metro cuadrado, una cifra muy por encima de los 700 habituales. Al haber menos humedad en el ambiente, una mayor cantidad de energía llega directamente al suelo, las paredes y el pavimento, los cuales actúan como acumuladores térmicos. Este calor acumulado se transfiere a las tuberías que, al estar cerca de la superficie, mantienen el agua caliente por mucho más tiempo del esperado, sumado a que el agua proveniente del río Guayas ya llega a la planta con temperaturas superiores a los 28 grados.
Esta condición climática, que podría extenderse durante gran parte de abril, se ve potenciada por la limpieza de la atmósfera tras las lluvias previas, permitiendo un paso más directo de los rayos solares. Según los especialistas, la combinación de factores ambientales y la infraestructura urbana genera que el agua salga entre uno y dos grados más caliente de lo normal, una diferencia que el cuerpo humano percibe con claridad. Mientras la fase de La Niña llega a su fin, los residentes de la ciudad continúan adaptándose a un calor que ya no se limita a las horas de sol, sino que permanece impregnado en las superficies y el suministro hídrico.








