A dos semanas de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela y la implementación del bloqueo estadounidense al petróleo destinado a Cuba, la vida cotidiana en la isla no registra todavía un incremento significativo en los cortes de energía. Según datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE), el déficit de generación se ha mantenido entre el 52 % y el 60 %, cifras similares a las reportadas a finales de 2025. Aunque Cuba depende de Venezuela para cubrir cerca del 30 % de su demanda energética, las centrales termoeléctricas actuales operan principalmente con crudo nacional, lo que ha amortiguado el golpe inmediato. En las gasolineras, las colas y dificultades para obtener combustible persisten bajo la misma dinámica de escasez y prioridad de venta en dólares que se ha vuelto habitual en los últimos meses.
A pesar de esta aparente normalidad, economistas y expertos advierten que las consecuencias a mediano plazo podrían ser devastadoras para la ya golpeada economía cubana. Estimaciones independientes sugieren que la pérdida del suministro venezolano representaría una caída del 27 % en el Producto Interno Bruto (PIB) y un incremento drástico en los precios de alimentos y transporte. Mientras México ha confirmado que mantendrá sus envíos de crudo, el vacío dejado por Caracas obligará a la administración cubana a buscar alternativas en un mercado internacional donde carece de divisas. Analistas califican el panorama como una potencial “catástrofe humanitaria” que podría superar la gravedad del Periodo Especial vivido tras el colapso de la Unión Soviética en los años noventa.








