El mercado energético y la seguridad marítima han entrado en una fase de alta volatilidad este jueves 8 de enero de 2026, tras el ataque con drones al petrolero Elbus en aguas del Mar Negro. El navío, un buque tipo Euroleader construido en 2005 y con un peso muerto de 159.000 toneladas, fue interceptado mientras navegaba hacia el puerto ruso de Novorossiysk. Imágenes de monitoreo confirmaron una densa columna de humo negro tras el impacto de un dron en sus secciones superiores. Aunque el gobierno de Ucrania no ha reivindicado la autoría, analistas de inteligencia sugieren que el ataque forma parte de una estrategia para asfixiar la logística de exportación de crudo del Kremlin.
El Elbus operaba bajo bandera de Palau y estaba registrado por una empresa en Hong Kong, características típicas de la denominada “flota encubierta” que Rusia utiliza para eludir las sanciones occidentales. Tras el impacto, la nave emitió una señal de socorro y cambió su rumbo hacia aguas turcas. Equipos del Comando de la Guardia Costera de Turquía acudieron al sitio para remolcar el petrolero hasta el puerto de Inebolu. Afortunadamente, no se registraron heridos entre la tripulación, lo que evitó una crisis humanitaria mayor en una de las rutas comerciales más vigiladas del mundo.
Este suceso se suma a una serie de golpes estratégicos contra los activos marítimos de Moscú. Apenas 24 horas antes, fuerzas especiales de Estados Unidos y el Reino Unido capturaron otro petrolero vinculado a Rusia en el Atlántico Norte, adelantándose a la llegada de buques de guerra rusos. El Departamento del Tesoro de EE. UU. ha calificado estas operaciones como necesarias para desarticular prácticas “turbias” que financian actividades delictivas. La presión sobre la flota mercante rusa parece intensificarse, marcando un nuevo frente de batalla donde la tecnología de drones y la intervención de fuerzas especiales están redefiniendo el control de los océanos en 2026.








