Un reciente ataque aéreo ruso ha provocado daños sustanciales en las instalaciones de DTEK, la principal empresa privada del sector energético en Ucrania. A través de un comunicado oficial, la compañía advirtió que la magnitud de las afectaciones requerirá de un extenso periodo de reparaciones para restablecer la operatividad de sus centrales eléctricas, las cuales han sido blanco recurrente de la ofensiva rusa. Esta nueva embestida se suma a una campaña sistemática que, desde el inicio del año, ha priorizado la destrucción de los sistemas de electricidad, gas e infraestructura ferroviaria en todo el territorio ucraniano.
Durante la última jornada, Rusia lanzó un total de 125 drones de larga distancia, de los cuales alrededor de 80 eran dispositivos kamikaze de fabricación ruso-iraní. Aunque las defensas aéreas de Ucrania lograron interceptar 110 aparatos, al menos 13 impactaron en localizaciones estratégicas. Según informes de la Fuerza Aérea ucraniana, la estrategia de Moscú ha evolucionado hacia el sabotaje indirecto de las centrales nucleares, atacando las subestaciones eléctricas necesarias para la distribución de energía, lo que pone en riesgo el suministro nacional sin necesidad de atacar directamente los núcleos de generación nuclear.
Las consecuencias de estos ataques han sido devastadoras para la población civil, dejando a millones de personas sin servicios básicos de luz, agua y calefacción en medio de condiciones climáticas extremas. El déficit energético provocado por la destrucción de gran parte de las centrales no nucleares ha obligado a las autoridades en Kiev a extender los cortes de electricidad programados en todo el país. Esta situación de racionamiento busca evitar el colapso total del sistema mientras los equipos técnicos trabajan bajo presión para recuperar la infraestructura dañada bajo el constante asedio aéreo.








