El panorama del deporte profesional atraviesa una transformación estructural impulsada por la proliferación de las apuestas legales y la digitalización de los datos. Tras la aprobación de la Ley C-218 en Canadá y la apertura del mercado estadounidense, las ligas encontraron en las casas de apuestas un salvavidas financiero tras las pérdidas millonarias de la pandemia. Esta alianza ha convertido a los eventos deportivos en activos financieros donde cada acción se fragmenta en datos cuantificables para el mercado de apuestas en tiempo real.
La tecnología de seguimiento y el análisis masivo de datos permiten ahora apostar por eventos mínimos, como el resultado de un solo lanzamiento o la duración de un himno. Sin embargo, este crecimiento acelerado genera preocupaciones éticas sobre la integridad competitiva y la salud social. Mientras las franquicias alcanzan valoraciones históricas, como la venta de los Lakers por diez mil millones de dólares, los reguladores enfrentan el reto de equilibrar el beneficio económico con la protección necesaria para los aficionados vulnerables.








