El B-21 Raider, el bombardero furtivo de sexta generación de Estados Unidos, se consolida este miércoles 28 de enero de 2026 como la pieza central de la disuasión estratégica frente a potencias emergentes. Sin embargo, el plan original de la Fuerza Aérea de adquirir solo 100 unidades está bajo un intenso escrutinio. Analistas del Instituto Mitchell y el Centro de Evaluaciones Estratégicas advierten que, ante la posibilidad de un conflicto en el Indo-Pacífico para 2027 y una agresión rusa en el Báltico, la flota actual resultaría insuficiente. Expertos como el expiloto Mark Gunzinger sugieren que se necesitan al menos 225 a 288 Raiders para garantizar la penetración en defensas enemigas profundas y mantener el ritmo de combate necesario.
La CEO de Northrop Grumman, Kathy Warden, confirmó recientemente que la Fuerza Aérea está evaluando ampliar los pedidos. De hecho, el presupuesto para el año fiscal 2026 incluye una partida de 4,500 millones de dólares destinada específicamente a acelerar la capacidad de producción en la planta de Palmdale, California. Aunque fabricar más unidades implica un costo elevado, el secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, y mandos como el general Thomas A. Bussiere, han admitido que el riesgo de una fuerza insuficiente es mucho más costoso ante el complejo escenario geopolítico actual.








