El cierre del Super Bowl LX en el Levi’s Stadium dejó una imagen que rápidamente se volvió tendencia global cuando Bad Bunny entregó un premio Grammy a un niño durante su presentación. El gesto provocó una ola de especulaciones en redes sociales donde muchos usuarios afirmaron erróneamente que el pequeño era Liam Conejo Ramos, el menor ecuatoriano que fue noticia recientemente por su situación migratoria en Estados Unidos. Sin embargo, la NFL y diversas fuentes confirmaron que el menor en el escenario era en realidad Lincoln Fox Ramadan, un actor infantil de cinco años que representaba la infancia del propio artista puertorriqueño.
La presentación de trece minutos transformó el campo de juego en un escenario caribeño lleno de simbolismos sobre la vida en los barrios y la cultura latina. El artista interpretó varios de sus éxitos mundiales y rindió homenaje a los pioneros del reguetón, logrando captar la atención de millones de espectadores en un contexto de alta tensión política por las políticas migratorias vigentes. A pesar de las críticas de algunos sectores, el espectáculo se consolidó como un hito para la música en español al ser el primer show de medio tiempo protagonizado íntegramente por un solista que no utilizó el inglés en sus canciones principales.








