Un petrolero con bandera de las Islas Marshall, identificado como MKD VYOM, fue atacado el pasado 1 de marzo por un dron marítimo iraní a unas 50 millas náuticas al norte de Mascate, en Omán. Aunque inicialmente se reportó el impacto de un proyectil, la oficina de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido confirmó que el buque fue alcanzado por un vehículo de superficie no tripulado (USV). La explosión resultante provocó un incendio en la sala de máquinas que cobró la vida de un tripulante, mientras que el resto del personal tuvo que ser evacuado de la embarcación.
Este incidente marca un punto de inflexión en la estrategia marítima de la región, al ser la primera vez que Irán emplea directamente un USV contra un buque comercial en estas aguas. Los drones navales armados se han consolidado como un pilar de la guerra asimétrica de Teherán, permitiendo ejecutar ataques sorpresivos y generar escenarios de saturación que complican la respuesta de los sistemas de defensa convencionales. Según analistas de seguridad, estas herramientas refuerzan la capacidad ofensiva del país al combinarse con misiles antibuque y sistemas de defensa costera.
La aparición de estas amenazas emergentes obliga a las fuerzas navales que operan en el Golfo Pérsico y zonas aledañas a replantear sus protocolos de protección. Aunque no sustituyen el poder de fuego de los misiles de crucero o torpedos, los drones marítimos amplían el abanico disuasorio y ofensivo en rutas comerciales críticas. Las empresas de seguridad marítima mantienen la alerta ante la posibilidad de nuevos ataques que pongan a prueba la estabilidad de la navegación internacional en la zona.








