China cerró el año 2025 con una disminución de 3.39 millones de habitantes, consolidando una tendencia demográfica preocupante para la segunda economía mundial. Según datos de la Oficina Nacional de Estadística, el país registró apenas 7.92 millones de nacimientos, la cifra más baja desde la fundación de la República Popular en 1949. Este descenso ocurre a pesar de que desde 2021 se permite a las familias tener hasta tres hijos, una medida que no ha logrado revertir la situación debido a la excesiva carga económica y la presión laboral que enfrentan los jóvenes ciudadanos chinos.
La tasa de natalidad cayó a mínimos históricos mientras que las defunciones aumentaron, situando la población total en 1,404.89 millones de personas. El gobierno de Xi Jinping ha calificado la crisis demográfica como un asunto vital, impulsando políticas para reducir los costos de escolarización y salud, aunque sin resultados significativos hasta el momento. Los expertos señalan que el rápido envejecimiento de la población y la falta de incentivos económicos reales para la maternidad suponen un desafío estructural que podría comprometer el crecimiento económico y el sistema de bienestar social en las próximas décadas.








