Stalin Rolando Olivero Vargas, conocido en el mundo delictivo como alias Marino, fue asesinado la noche del 7 de enero en la exclusiva Isla Mocolí, en Samborondón. El hombre de 40 años, quien fuera cabo segundo de la Armada del Ecuador antes de ser dado de baja por delitos graves, era identificado por inteligencia policial como un “cabecilla invisible” de la organización criminal Los Lagartos. A pesar de mantener un perfil bajo en comparación con otros jefes de bandas, alias Marino ejercía un control estratégico sobre el narcotráfico en Guayaquil y Posorja, utilizando su experiencia militar para planificar ataques de alta precisión con sicarios disfrazados de policías o militares.

La trayectoria de Olivero estuvo marcada por una fachada empresarial exitosa; figuraba como accionista en compañías de seguridad y exportación de camarón, logrando incluso contratos con el Estado en años anteriores. Sin embargo, detrás de estos negocios lícitos se tejía una red de lavado de activos y nexos con capos internacionales en Dubai. Su muerte, ocurrida junto a otros dos colaboradores, es investigada bajo la hipótesis de una posible traición interna o una represalia de bandas rivales, ya que se sospechaba que Marino buscaba aliarse con Los Lobos. Con su deceso, se cierra la historia de uno de los objetivos de alto valor para el Ministerio del Interior que logró infiltrar las estructuras estatales.









