El mandatario estadounidense evaluó la situación de Medio Oriente junto al líder chino Xi Jinping durante su reciente gira diplomática en Beijing, donde ambos coincidieron en la urgencia de garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz para mitigar el impacto energético global. Pese a que la Casa Blanca manifestó su intención de agotar los canales de diálogo, el retorno de la comitiva a Washington marcó el inicio de sesiones de planificación de contingencia bélica ante la firme postura del régimen persa de mantener sus operaciones navales y su infraestructura de desarrollo atómico.
La secretaría de Estado y el departamento de Defensa estructuraron una serie de alternativas tácticas que contemplan desde bombardeos de precisión contra depósitos de combustible y sistemas eléctricos en la isla de Kharg, hasta incursiones directas con naves no tripuladas para neutralizar los sistemas de defensa de la Guardia Revolucionaria. El plan estratégico contempla la coordinación de esfuerzos operativos con Israel y aliados regionales como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Por su parte, las autoridades de Teherán ratificaron que emplearán su capacidad de resistencia militar ante cualquier intento de ocupación o afectación a su soberanía.








