El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó como un éxito rotundo el avance de las operaciones militares contra Irán, destacando la destrucción de las capacidades navales del país persa en apenas dos semanas. Durante su intervención, el mandatario arremetió contra los aliados de la OTAN, tildándolos de “cobardes” por no colaborar en la liberación del estrecho de Ormuz, una ruta vital para el comercio energético global. Mientras tanto, la tensión en Oriente Medio alcanzó un nuevo pico tras el impacto de misiles balísticos iraníes en la Ciudad Vieja de Jerusalén y ataques con drones contra refinerías estratégicas en Kuwait. Estas hostilidades han generado incendios en instalaciones petroleras y mantienen en alerta máxima a los servicios de emergencia de la región, que aún evalúan la magnitud de los daños y el número de víctimas en medio de las celebraciones del Año Nuevo persa.
La crisis se agrava con las advertencias de la Agencia Internacional de Energía, que pronostica un desabastecimiento de crudo y gas que podría durar hasta seis meses, desencadenando la emergencia energética más grave de la historia reciente. En el ámbito político y militar, Israel confirmó la baja de Ali Mohammad Naeini, portavoz del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, durante bombardeos nocturnos sobre Teherán. Pese a las bajas y la presión internacional, el líder supremo Mojtaba Khamenei emitió un mensaje de resistencia asegurando que sus fuerzas derrotarán a la coalición liderada por Washington. La parálisis diplomática es absoluta, pues Trump sostiene que no existen interlocutores válidos en el gobierno iraní para iniciar un diálogo, mientras las fuerzas israelíes continúan los ataques aéreos sobre la capital iraní en respuesta a la ofensiva contra Haifa.








