Desde el Foro Económico Mundial en Davos, el presidente Donald Trump anunció que su homólogo ruso, Vladimir Putin, ha aceptado la invitación para formar parte del Consejo de paz. Este nuevo organismo, diseñado bajo la visión de Trump, fue concebido originalmente para coordinar la reconstrucción de la Franja de Gaza, aunque sus estatutos sugieren un alcance global sin limitaciones geográficas. La estructura de esta entidad otorga la presidencia al propio Trump, quien mantendrá de forma simultánea su rol como representante de los Estados Unidos, consolidando una plataforma de influencia diplomática directa fuera de los canales tradicionales.
Por su parte, el Kremlin adoptó una postura de cautela inicial, indicando que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia ha recibido instrucciones de analizar detenidamente la propuesta antes de formalizar cualquier compromiso. El anuncio ha generado una intensa actividad en los círculos diplomáticos internacionales, ya que el Consejo de paz es percibido como un organismo que podría rivalizar con la autoridad de las Naciones Unidas. Mientras Trump continúa sumando actores de peso a su iniciativa en Suiza, la comunidad global observa con atención el posible rediseño de las estructuras de gobernanza y mediación en conflictos internacionales.








