Ecuador finalizó el año 2025 con cifras sin precedentes en criminalidad, consolidándose como el periodo más letal desde que existen registros oficiales. Según el balance del Ministerio del Interior, el país reportó un total de 9216 homicidios intencionales, lo que representa un incremento del 32 % en comparación con los 7063 casos de 2024. Con un promedio de 25,24 asesinatos diarios, la tasa nacional de 51 por cada 100000 habitantes posiciona a Ecuador como la segunda nación más violenta de América Latina, superada únicamente por Haití. Mayo se situó como el mes más crítico, registrando 934 muertes en solo 31 días.
La distribución de la violencia muestra una concentración crítica en la zona costera. La provincia de Guayas lideró el número absoluto de crímenes con 4106 casos, mientras que la Zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón) concentró cerca del 40 % de la violencia nacional con 3115 asesinatos. No obstante, en términos de tasa poblacional, Los Ríos se convirtió en la provincia más peligrosa con 130,4 homicidios por cada 100000 habitantes. El informe oficial atribuye la mayoría de estos eventos a disputas territoriales entre bandas dedicadas al narcotráfico y la minería ilegal, donde el uso de armas de fuego predominó en el 88 % de los incidentes.
Radiografía de la Violencia en Ecuador (Cierre 2025)
Distribución por Zonas Policiales:
- Zona 8 (Guayaquil, Durán, Samborondón): 3115 asesinatos.
- Zona 5 (Guayas resto, Los Ríos, Santa Elena, Bolívar, Galápagos): 2529 asesinatos.
- Zona 4 (Manabí, Santo Domingo): 1427 asesinatos.
- Zona 7 (El Oro, Loja, Zamora Chinchipe): 859 asesinatos.
- Zona 9 (Distrito Metropolitano de Quito): 268 asesinatos.
Perfil de las víctimas: El impacto en los jóvenes es alarmante: 3240 víctimas tenían entre 25 y 34 años, seguidas por 2307 personas entre los 35 y 49 años. Un dato profundamente preocupante es el asesinato de 583 niños y adolescentes (0 a 17 años), lo que representa un aumento de 169 casos infantiles respecto al año anterior. A pesar de los constantes estados de excepción y el despliegue militar, la violencia no mostró un descenso sostenido al cierre del año








