El gobierno de Estados Unidos acusó formalmente a China de haber realizado una prueba nuclear secreta en junio de 2020, utilizando métodos de desacoplamiento para evadir la vigilancia sísmica internacional. Durante la conferencia de desarme en Ginebra, el subsecretario de Estado, Thomas DiNanno, afirmó que Beijing intentó ocultar estos ensayos con explosivos de alto rendimiento, violando sus compromisos de prohibición. Esta denuncia surge en un momento crítico tras la expiración del tratado New START, dejando a las potencias mundiales sin un marco vinculante que limite el despliegue de ojivas nucleares.
Ante este panorama, la administración de Donald Trump busca impulsar un nuevo acuerdo de control de armas que incluya obligatoriamente a China, argumentando que los tratados bilaterales con Rusia son insuficientes en el contexto geopolítico actual. Por su parte, el embajador chino Shen Jian rechazó las acusaciones, calificándolas de narrativas falsas y acusando a Washington de agravar la carrera armamentística. El aumento del arsenal nuclear chino y la falta de restricciones estratégicas han elevado la tensión diplomática, marcando un nuevo desafío para la seguridad y el equilibrio internacional.








