En un giro estratégico sin precedentes para la industria de defensa norteamericana, el presidente Donald Trump ha eximido de las leyes de construcción nacional a la Guardia Costera para adquirir tecnología finlandesa. Estados Unidos ha encargado directamente a Finlandia la construcción de 4 rompehielos de alta capacidad, mientras que otros 7 buques de patrulla ártica se fabricarán en Luisiana utilizando diseño y tecnología del país nórdico. La decisión responde a una brecha crítica de capacidades: mientras Rusia opera cerca de 40 rompehielos (incluyendo 8 de propulsión nuclear), Estados Unidos apenas cuenta con 3 unidades operativas, lo que limita su capacidad de proyectar poder en una región donde China también aumenta su presencia.
Finlandia, considerada la “superpotencia de los rompehielos”, ha diseñado el 80 por ciento de estos buques a nivel mundial. Empresas como Aker Arctic Technology y astilleros en Rauma ya trabajan en los diseños que permitirán a Washington navegar por mares con hielo sólido. Según expertos como Peter Rybski, la urgencia de Trump no solo es militar, sino económica: el cambio climático está abriendo nuevas rutas comerciales entre Asia y Europa que pasan por el norte de Alaska y Groenlandia, además de facilitar el acceso a ingentes yacimientos de petróleo y gas que Rusia ya ha comenzado a explotar activamente.
La construcción del primer rompehielos en el puerto de Rauma se entregará en 2028, marcando el inicio de una era de “equilibrio de poder” en el Polo Norte. Para analistas internacionales, estos buques son la única forma de demostrar soberanía en el Ártico central, donde los portaaviones tradicionales no pueden operar. Al aliarse con Finlandia, que posee más de 100 años de experiencia y donde todos sus puertos se congelan en invierno, la administración Trump busca cerrar en tiempo récord una brecha tecnológica que hoy le otorga a sus adversarios una ventaja estratégica en la “zona económica exclusiva” estadounidense.








