En el marco de dieciséis días de ofensiva conjunta entre Estados Unidos e Israel, el embajador estadounidense ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, instó a la comunidad internacional a colaborar en la protección naval del estrecho de Ormuz. La Casa Blanca busca reeditar la cooperación de la década de los ochenta para garantizar el flujo de crudo frente a las amenazas del régimen iraní. Waltz subrayó que el presidente Donald Trump no permitirá que Teherán tome como rehenes las economías globales, asegurando que el Ejército estadounidense mantendrá los ataques con misiles y drones para preservar la libre navegación en esta vía estratégica.
Pese a la presión de Washington, la respuesta de los aliados europeos ha sido dispar. Mientras el primer ministro británico, Keir Starmer, coincidió en la urgencia de reabrir el paso para frenar el alza de costes operativos, Alemania y Francia han descartado participar en la misión. El ministro germano Johann Wadephul rechazó formar parte de la confrontación, mientras que París confirmó que su portaaviones Charles de Gaulle permanecerá en el Mediterráneo oriental con fines estrictamente defensivos. Esta falta de consenso surge tras las declaraciones del nuevo líder iraní, Mojtaba Khamenei, sobre un posible cierre del paso marítimo.








