La elevada sensación térmica en la región Costa ha dejado de ser una molestia estacional para transformarse en un desafío económico para las familias. El incremento de las temperaturas, validado por reportes del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) que señalan índices de radiación ultravioleta de niveles altos a muy altos, ha obligado a los ciudadanos a modificar sus hábitos de consumo. El uso de sistemas de climatización, antes restringido a ciertas horas, ahora se extiende durante casi todo el día, lo que impacta de forma directa en el presupuesto mensual de los hogares.
En sectores como la Isla Trinitaria, usuarios como Michael Rubio reportan que sus planillas han pasado de un promedio de 70 dólares a valores que oscilan entre 100 y 110 dólares mensuales. Rubio, quien cuenta con seis equipos de aire acondicionado de diversas capacidades (desde 12.000 hasta 24.000 BTU), explica que el calor es tan intenso que los aparatos solo descansan durante la madrugada. Una situación similar se vive en Sauces 6 y en el cantón Durán, donde residentes como Luis Acurio y Marcelo Martínez han visto cómo sus facturas de energía se elevan entre 20 y 30 dólares adicionales debido a la imposibilidad de mantener los equipos apagados durante las horas pico de calor.
Ante este panorama de clima extremo, la población no solo enfrenta retos financieros, sino también de salud. Ciudadanos en el sur de Guayaquil han empezado a adoptar medidas de protección adicionales, como el uso constante de bloqueador solar y el transporte de termos con agua para evitar la deshidratación y los efectos de la radiación. Mientras las condiciones meteorológicas no cedan, la dependencia de los sistemas de enfriamiento seguirá presionando la economía doméstica, convirtiendo el confort térmico en un gasto prioritario pero costoso para los habitantes del litoral.








